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Soneto imperfecto

¡Que frío y fiero dolor el que, mendigo,
me embarga cuando añoro tu venida!
¡Que amargo sabor el de la amanecida
cuando a solas me halla y no contigo!

Sólo la noche oscura es mi testigo
cuando, dolido, el alba agradecida
trae su consuelo en luces colorida
y me sorprende el día, mi enemigo.

Sabes que caí de bruces en tu sueño
para hallar en tus brazos mi camino
y convertirme de tu vida en el beleño.

Y sabes que haré de mi boca tu destino
si no escapas rauda, siquiera con empeño,
al ardiente deseo de mi verso cervantino.

Twilight’s  Man

 

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