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Una experiencia de vida-Pedro Morán

Estimados lectores:

Después de algún tiempo en recuperación debido a la última cirugía de corazón abierto por la que atravesé en Julio 11 de 2011 en el Centro Médico de Occidente de la ciudad de Guadalajara Jal, he decidido retomar mis colaboraciones a este importante medio de comunicación que es The Secret la revista.

A todas las personas que de alguna forma me hicieron llegar sus oraciones y buenos deseos muchas gracias créanme que en esos días y momentos siempre son especialmente bien recibidas.

Permítanme relatarles mi experiencia en este nuevo enfrentamiento con la muerte con toda su crudeza con toda su realidad, más allá de los dolores propios de la enfermedad cardiaca que sientes como tu pecho es oprimido con tal fuerza que pareciera que te va a explotar y que solo es soportable con la constante administración de morfina, más allá de la angustia propia y de tus seres queridos cuando las esperanzas de sobrevivir a la intervención quirúrgica eran tan escasas solo un 30% y que ven como se apaga la vida de un ser humano, en plenitud aparente de sus facultades, existe un dolor más profundo que es el que se vive ya en la cirugía misma y que no es físico si no emocional.

Tal vez ese dolor emocional sea un aferrarse a la vida para iniciar proyectos, misiones que siempre quise realizar, tal vez sea aferrarse a no irme de esta vida terrenal y mundana sin resolver todos los conflictos emocionales que cause todo el daño que ocasioné a mis padres, esposa, hijos, hermanos y demás seres queridos.

Porque en esencia fui creado como un ser humano con buenos principios, todos de origen católico que llevan intrínsecos el amor a tu prójimo como a ti mismo, y en mi transcurrir de la vida muchos de esos principios fueron olvidados consciente o inconscientemente y mi esencia se descoyuntó.
En las horas de esa interminable cirugía y días en terapia intensiva tuve la vivencia de un recorrido por toda mi vida podría decir que semejante a una película en la que el actor principal fui yo, y en todos los acciones que se iban presentando aparecían familiares ya fallecidos que de alguna forma habían compartido parte de sus vidas, ellos estaban ahí como observadores y podría decir que como auspiciadores de la verdad de la honestidad que salía de mi garganta, de mi boca al ir enfrentando uno a uno a las personas que de alguna forma he lastimado o dañado, cuando terminaba con una persona otro familiar me conducía al siguiente hasta que terminé de recorrer esa dolorosa pero a la vez tranquilizante experiencia, yo no vi en sus rostros coraje, amargura, dolor, resentimiento, solo veía comprensión incluso una paz indescriptible en sus rostros, sin embargo yo si sentía vergüenza, tristeza, impotencia, y mucho miedo de ser honesto conmigo mismo y con ellos, pero estando en ese lugar todo fluyó y puedo asegurar que con toda la limpieza, con toda la pulcritud y honestidad.
De pronto llegó a mi mente que ese lugar era el idóneo para quedarme y empecé a recorrer los rostros de mis familiares esperando que con su mirada me dijeran que hacer, que decidir, pero nadie hablaba, nadie decía absolutamente nada, hasta que una tía llamada Guadalupe a quien todos en la familia conocíamos con el mote de Tía Güera, se me acercó y me dijo hijo se que te sientes bien en este lugar y que quieras quedarte pero aún no es tu tiempo, sin embargo es tu decisión y en ese momento dije ¿Dios que debo hacer? dime por favor que debo elegir, y pensé que Dios no me había contestado, cuando de pronto desperté en la sala de terapia intensiva de ese hospital con los tubos y las sondas colocadas y un dolor físico impresionante y dije” Dios una vez más decidiste por mi…..»hágase tu voluntad y no la mía”.

Febrero 4 de 2012

Pedro Moran Velazquez
Entrenador del desarrollo humano
México 1959-2013
Gran colaborador de The Secret la revista.

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